Archivo de Marzo 2009

La huelga del Situam. Una experiencia de lucha sindical en la era del neoliberalismo*

Marzo 12, 2009

Colectivo Axolote
El primero de febrero de 2008, los trabajadores de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) estallaron la huelga más larga (64 días) y más difícil en la historia de su organización sindical. Como participantes en esta experiencia de lucha ponemos a consideración las siguientes reflexiones, esperando que sean relevantes para el movimiento organizado de los trabajadores de la ciudad y el campo: I. Los motivos profundos de la huelga tienen que ver no sólo con el deterioro de los salarios. Es verdad que los trabajadores del Situam han sido castigados como todos los trabajadores del país, incluso sufren una disparidad a la baja en sus remuneraciones con respecto de otros trabajadores del sector público o de otras universidades. Adicionalmente, al interior de la UAM los trabajadores sindicalizados ganan menos que algunos trabajadores de confianza o subcontratados, realizando el mismo tipo de funciones y cargas de trabajo, castigándose de esa manera su afiliación gremial. Diversos estudios demuestran ese déficit salarial y fue un causal largamente argumentado durante el paro de labores. Sin embargo, a la problemática salarial debe sumarse la problemática derivada de una ofensiva patronal especialmente agresiva en la reestructuración neoliberal de los procesos de trabajo, impulsada fervientemente por el Secretario General de la Universidad, Javier Melgoza, un especialista en sociología del trabajo que sabe precarizar las condiciones laborales. Existe una serie de mecanismos que afectan la vida laboral cotidiana acrecentando las cuotas de trabajo y que destruyen el tejido asociativo y comunitario al interior de la UAM. Así, las más recientes administraciones han ampliado las áreas de trabajo e impuesto nuevas funciones, fomentado la subcontratación y generalizado la contratación de trabajadores irregulares. También han desconocido de facto las cláusulas del Contrato Colectivo de Trabajo que garantizaban la estabilidad laboral. La actual administración de la UAM sueña con el paraíso neoliberal en la tierra: un mundo donde la gerencia maneja a los trabajadores a su antojo, sin bilateralidad, donde es posible incrementar las cuotas de trabajo y mover de área y funciones a los trabajadores sin restricciones de ningún tipo amparados en el viejo pretexto de la modernización y la productividad. En suma, la agudización del conflicto es responsabilidad de la administración universitaria y se explica, no sólo por el deterioro de los salarios, sino por la descomposición de las relaciones laborales cotidianas resultado de años insistiendo en las peores vías de explotación, como: la polivalencia, la prolongación de la jornada por la necesidad de trabajar horas extras, la negociación individual con el trabajador, el aumento de las cargas de trabajo, la imposición de nuevas funciones, etc. Por supuesto que para hacer posible este proyecto es indispensable destruir, controlar o domesticar al Situam.
II. Tanto las autoridades como las corrientes que controlan el sindicato fueron sorprendidas por la respuesta de los trabajadores de base en febrero de 2008. Nadie esperaba ni podía predecir el estallido de la huelga. Mucho menos se podía prever su carácter prolongado. Todos confiaban en los tradicionales mecanismos de control para encauzar la confrontación, sobre todo porque la dirección sindical se hallaba esta vez en manos de un grupo completamente patronal. Y hasta el último momento las distintas corrientes del Situam cumplieron con la vergonzosa tarea de desalentar el estallido de la huelga echando mano de sus «intelectuales» orgánicos y de las instancias sindicales bajo su control. Desarrollaron una intensa propaganda en el órgano de difusión y en las asambleas para evitar el paro de labores. La huelga se hizo en contra de la voluntad expresa de todas las corrientes sindicales y tomó rápidamente el carácter de un movimiento de base que luchó desde el primer momento contra su dirección casi de manera tan aguda como lo hizo contra la patronal. A las corrientes no les quedó sino seguir el curso de los acontecimientos hasta que lograron terminar con la huelga mediante un golpe de mano en el que se aliaron prácticamente todas. En este sentido, la huelga en la UAM presenta dos rasgos que es importante tomar en cuenta: en primer lugar, la acción de los trabajadores de base se movió en el espacio generado por el aflojamiento de los vínculos corporativos de las corrientes sindicales, hoy en plena descomposición, convertidas ya en simples grupos de interés sin capacidad de orientación ideológica o política, sin una estrategia para la reproducción de sus cuadros y con una gran carga de ilegitimidad debido a su histórica asociación con la patronal. Hasta el último momento la administración universitaria intentó conjurar la huelga negociando con los dirigentes de estas fracciones sindicales, sin advertir que el escenario histórico de este tipo de soluciones se había desfondado, por lo menos momentáneamente. En segundo lugar, una vez estallada la lucha, los trabajadores de base se movieron en una situación bastante complicada, desarrollando una ardua lucha en dos frentes: contra la patronal y contra los aliados de la patronal que maniobran al interior del sindicato. El enemigo principal de los trabajadores de base del Situam fue el enemigo interno encabezado por el entonces Comité Ejecutivo y completado por casi toda la estructura sindical, destacadamente por las corrientes y sus «ideólogos» de la academia (especialmente los pagados por el CILAS –Centro de Investigación Laboral y Asesoría Sindical- y los profesores que recientemente fundaron un sindicato blanco patrocinado por la rectoría). Ellos le hicieron la chamba a la administración de la universidad, que se limitó a dejar pasar el tiempo para desgastar a la resistencia y abrirle cancha a sus aliados en el interior del Situam. El escenario, entonces, fue el de una lucha de base que se enfrenta al predicamento de batirse doblemente, gastando mucho de sus recursos tratando de contener la ofensiva de quienes se autodenominan progresistas o de izquierda pero que en realidad comparten el proyecto de la agresiva modernización capitalista de corte neoliberal, precarizadora del trabajo y destructora de los vínculos asociativos y comunitarios.
III. El descontento de los trabajadores de base alcanzó para estallar la huelga en contra de la voluntad de la dirigencias sindicales y para sostener la resistencia por tres meses, pero no alcanzó para lograr un triunfo. Esto se relaciona con el desfavorable contexto nacional para una lucha que no pudo desencadenar ni el apoyo activo ni la solidaridad. Además, tiene que ver con los errores en la política de alianzas del Situam, que orientada por el conservadurismo de sus dirigentes le ha apostado a sectores políticos que sólo fingen que luchan. Fuera del campo de visión del sindicato han quedado los sectores sociales y organizaciones más probados en las batallas de las últimas décadas, integrados por sectores de indígenas, campesinos, estudiantes y trabajadores radicalizados, que han roto ya con la clase política en su conjunto. El Situam se ha quedado rezagado en este sentido, atado por los intereses de grupos internos perredistas, filo-perredistas y de ex militantes del PRT. Sin embargo, estos dos factores explican sólo una parte de la película. De mayor valía para el movimiento de los trabajadores es visualizar las carencias propias. En este sentido, la lucha de los trabajadores de base del Situam logró desarticular momentáneamente el control corporativo de las corrientes, pero no consolidó espacios propios y permanentes de poder. Tampoco logró concentrar los esfuerzos dispersos de la resistencia ni coordinar en la acción a los trabajadores de base que sí querían pelear. La acción común y autónoma de largo plazo es el escalón que no se pudo subir, a pesar de la heroica lucha de muchos trabajadores. La carencia de ese paso explica que la iniciativa regresara a las corrientes, después que tomaran aire. Lo que urge entonces es un proyecto de recomposición del Situam que lo rescate de las manos de tres o cuatro grupos de interés, tan descompuestos que no tienen proyecto ideológico ni político, cuyas publicaciones y documentos son de un lamentable analfabetismo político, y que basan su poder en el monopolio de su vínculo con las autoridades, en el control corporativo que les permite repartir prebendas como permisos y lugares en la bolsa de trabajo, y en una pretendida experiencia en la gestión sindical que aspira a ser monopolio del saber sobre el Contrato Colectivo de Trabajo y la vida interna del sindicato. Precisamente, un punto estratégico en este proyecto de recomposición deberá ser la generalización de la formación política y sindical, para rearticular los saberes populares de lucha en el enfrentamiento con las élites dirigentes del sindicato y la universidad. Se trata de una estrategia que abona a favor de la independencia de clase, que rompe la subordinación de los trabajadores de base hacia los grupos de interés llamados corrientes y ante los pretendidos «gurús», que tantos servicios han prestado a la patronal. No es una tarea imposible: sólo hay que poner empeño en la formación de activistas sindicales que, haciendo las cosas desde abajo y con los de abajo, con nuevos métodos de trabajo y con el respeto irrestricto de los principios que se acuerden desde la base para la lucha y organización, pongan a tono al Situam con el calendario de la rebelión nacional que se avecina.
Es obvio que muchas más facetas son dignas de mención tratándose de la lucha de los trabajadores de base de la UAM. Por ahora sólo hemos querido abrir brecha, inaugurando una serie de textos que propone el compartir nuestra modesta experiencia como colectivo de izquierda. Lo que hemos visto, oído y aprendido con los trabajadores lo pondremos a consideración de otros que también luchan.

*Estudiantes y trabajadores de la UAM-Iztapalapa, México, D. F.